Camina en fe y anda en las alturas
Predicador: Pastora Elizabeth Guidini
Fecha: 2026-10-20
Tema: Fe y fortaleza en la crisis
La fe nos lleva a escuchar a Dios, esperar con gratitud, vivir con integridad y encontrar en el Señor la fortaleza para andar en las alturas.
- Nuestra fe descansa en lo que Jesucristo ya hizo y se fortalece al escuchar la Palabra de Dios.
- La gratitud nos ayuda a reconocer la bondad del Señor en medio de las luchas.
- Habacuc lleva su pregunta a Dios, escucha su respuesta y aprende a esperar: el justo vive por la fe.
- Esa confianza se expresa en adoración perseverante y en integridad, incluso cuando alrededor falta rectitud.
- Aunque falte el fruto, podemos alegrarnos en el Dios de nuestra salvación: Él es nuestra fortaleza y nos hace andar en las alturas.
La fe nos lleva a escuchar a Dios, esperar con gratitud, vivir con integridad y encontrar en el Señor la fortaleza para andar en las alturas.
Pastora Elizabeth Guidini · Mañana de Milagros · 20 de octubre de 2026
Ideas clave en 60 segundos
- Nuestra fe descansa en lo que Jesucristo ya hizo y se fortalece al escuchar la Palabra de Dios.
- La gratitud nos ayuda a reconocer la bondad del Señor en medio de las luchas.
- Habacuc lleva su pregunta a Dios, escucha su respuesta y aprende a esperar: el justo vive por la fe.
- Esa confianza se expresa en adoración perseverante y en integridad, incluso cuando alrededor falta rectitud.
- Aunque falte el fruto, podemos alegrarnos en el Dios de nuestra salvación: Él es nuestra fortaleza y nos hace andar en las alturas.
Resumen
Hay momentos en los que una pregunta vuelve una y otra vez: «¿Hasta cuándo, Señor?». Esperamos una respuesta, miramos una necesidad que continúa y sentimos el peso de lo que sucede alrededor. El libro de Habacuc comienza con una pregunta semejante y termina con una declaración de confianza: el Señor es nuestra fortaleza.
En esta predicación, la Pastora Elizabeth Guidini recorre ese camino. Primero afirma el fundamento de la fe en Jesucristo. Después nos llama a reconocer lo que la queja produce, agradecer lo que Dios ha hecho, disponernos a escucharlo y esperar su respuesta. La confianza madura en adoración y en una vida íntegra; finalmente aprende a decir «con todo» aun frente a la escasez.
La imagen de los pies de cierva de Habacuc 3:19 reúne el mensaje: Dios fortalece a su pueblo para avanzar por un terreno difícil. Nuestra vida puede ser conducida por su presencia, su Palabra y su poder. El Señor nos llama a caminar por fe y a mirar nuestra situación desde la confianza en Él.
1. La fe se apoya en lo que Jesucristo ya hizo
La Pastora comienza con Habacuc 1:2. El profeta ve violencia y clama a Dios. Su pregunta surge en medio de una realidad que le duele. Desde ese punto, la enseñanza nos dirige al fundamento que puede sostenernos: la fe.
Hebreos 11:1 presenta la fe como certeza de lo que se espera y convicción de lo que no se ve. La Pastora la describe como una convicción que el Espíritu Santo forma en el corazón. La Palabra de Dios alimenta esa confianza; al escucharla conocemos a Aquel en quien creemos. Romanos 10:17 relaciona la fe con el oír la palabra de Dios.
El centro del mensaje aparece en una afirmación clara: nuestra fe descansa en lo que Jesús ya hizo. Su obra es un fundamento firme para acercarnos al Padre, adorar y perseverar. En vez de dejar que cada cambio de las circunstancias determine nuestra confianza, volvemos al Salvador y a su Palabra.
Por eso, la vida de fe también busca glorificar a Dios dentro de los conflictos. Podemos presentarle lo que necesitamos y, al mismo tiempo, honrarlo hoy con nuestra confianza. Cristo sigue siendo digno de nuestra adoración mientras caminamos.
¿Qué cambia esto en mi vida? Comienzo el día recordando quién es Jesús y lo que ha hecho por mí. Leo su Palabra y llevo mi necesidad delante de Él desde esa confianza.
2. Cultivemos gratitud en lugar de quedarnos en la queja
Al hablar de la crisis, la Pastora se detiene en una reacción cotidiana: quejarnos de lo que falta. Explica que una queja constante aumenta la tensión, produce desánimo y puede volver difíciles nuestras relaciones. Cuando toda la conversación gira alrededor de lo negativo, dejamos de apreciar lo bueno que Dios sigue haciendo.
Su invitación es concreta: dar gracias por lo recibido. La gratitud vuelve a poner delante de nuestros ojos la bondad del Señor. Podemos agradecer una ayuda, una persona que nos acompaña, una oportunidad de servir o la fuerza que Dios nos dio para llegar hasta aquí.
La Pastora reconoce que hay dolor detrás de algunas formas de reaccionar y que podemos haber aprendido a vivir quejándonos. De ahí nace una pregunta personal: ¿cómo es para los demás estar conmigo? Esa pregunta abre espacio para que el Señor transforme nuestra manera de hablar y responder.
La respuesta comienza en el corazón y se hace visible en las palabras. Podemos reconocer ante Dios lo que nos duele, pedirle ayuda y expresar también aquello por lo que le damos gracias. En la familia, el trabajo y la congregación, una gratitud sincera aporta una manera distinta de relacionarnos.
¿Qué cambia esto en mi vida? Identifico una queja que se repite en mis conversaciones. La llevo al Señor y nombro una bendición concreta por la que hoy puedo agradecerle.
3. Llevemos la pregunta a Dios y dispongámonos a escuchar
Habacuc observa corrupción, violencia y destrucción. La Pastora destaca el movimiento que sigue: el profeta busca a Dios y se dispone a oír su voz. Su recorrido avanza de la queja hacia una relación en la que escucha la respuesta del Señor.
En Habacuc 2:2–3, Dios le manda escribir la visión y mantenerla clara. La palabra recibida tiene un tiempo señalado. El profeta es llamado a esperarla y a confiar en su cumplimiento. La respuesta de Dios le da dirección para vivir mientras espera.
La Pastora recuerda que el Señor puede responder sí, no o espera. Cuando la respuesta requiere esperar, su llamado es perseverar con paciencia. Nuestra confianza permanece en el Dios que habla y cumple su Palabra.
Este pasaje también nos invita a darle espacio a la Escritura en medio de nuestras preguntas. Podemos leer con atención, orar y ordenar nuestras decisiones a la luz de lo que Dios ha dicho. La espera adquiere dirección cuando seguimos escuchando y obedeciendo al Señor.
¿Qué cambia esto en mi vida? Aparto un momento para leer Habacuc 2:1–4. Presento a Dios mi pregunta y escribo una verdad del pasaje que me ayude a esperar con fe y a obedecer hoy.
4. Adoremos a Dios por quien Él es
Después de hablar de la espera, la Pastora recuerda a los tres jóvenes de Daniel 3. Ante la amenaza del horno, afirman que Dios puede librarlos y mantienen su decisión de servirlo. Su fidelidad permanece firme aun cuando el desenlace está delante de ellos.
Esa escena bíblica expresa el corazón de la enseñanza: servimos al Señor porque Él es Dios. Su poder para intervenir alimenta nuestra esperanza, y su dignidad sostiene nuestra adoración. Podemos creer en su intervención con todo el corazón y permanecer rendidos a Él.
La Pastora nos llama a crecer en la capacidad de enfrentar las luchas sin abandonar la confianza. En medio del proceso propone una pregunta: «Señor, ¿qué tú quieres que yo haga con lo que estoy viviendo?». La pregunta abre un camino de respuesta, obediencia y madurez.
También afirma que Dios nos da victorias al librarnos de circunstancias y dentro de ellas. Su presencia actúa en nuestro caminar y fortalece nuestra vida. La mirada vuelve a fijarse en el Señor que está a cargo.
¿Qué cambia esto en mi vida? Presento mi petición con fe y le rindo también mi respuesta. Pregunto qué paso de obediencia puedo dar en esta situación y decido seguir adorándolo.
5. En el valle, perseveremos en la oración
El Salmo 55 expresa el deseo de tener alas para volar y descansar lejos de la angustia. La Pastora reconoce esa experiencia: las presiones pueden despertar el deseo de escapar. Después señala la respuesta del salmista: clamar al Señor tarde, mañana y al mediodía.
La oración permite afrontar lo que estamos viviendo en comunión con Dios. Podemos reconocer la situación, derramar el corazón delante de Él y pedirle la fuerza que necesitamos. El Señor escucha a su pueblo y lo acompaña.
La enseñanza conecta esa perseverancia con el Salmo 23:4. Aun dentro del valle de sombra de muerte, la presencia del Pastor infunde confianza. Su compañía es el centro del consuelo: Él está con nosotros en el camino.
En una conversación pendiente, una responsabilidad que pesa o una temporada de soledad, podemos volver al Señor durante el día. Su presencia nos ayuda a afrontar el siguiente paso. También podemos acercarnos a la comunidad de fe para orar acompañados y recibir cuidado pastoral.
¿Qué cambia esto en mi vida? Escojo momentos del día para hablar con Dios y le presento una situación que he estado evitando. Con su ayuda doy el próximo paso responsable y busco oración cuando la necesito.
6. La fe también se expresa en una vida íntegra
El recorrido vuelve a Habacuc. Dios confronta la codicia, la violencia, las ganancias deshonestas y la idolatría. La Pastora relaciona esas denuncias con la necesidad de rectitud en la sociedad y en la vida personal. Creer en Dios tiene consecuencias en la manera de trabajar, administrar, servir y ejercer autoridad.
Proverbios 29:2 y 4 muestra la importancia de la justicia para el bienestar de un pueblo. La Pastora llama a una integridad que alcance la vida pública y privada. La persona íntegra es confiable y hace lo correcto también cuando nadie la está mirando.
La crisis puede poner a prueba nuestros valores. Allí la fe nos llama a permanecer leales al Señor: decir la verdad, cumplir una responsabilidad, tratar con justicia y cuidar aquello que se nos ha confiado. La rectitud tiene un lugar concreto en las decisiones de cada día.
En medio de las denuncias, Habacuc 2:14 levanta la mirada hacia el conocimiento de la gloria de Dios. La esperanza del profeta permanece ligada al Señor. Podemos responder a la falta de rectitud con una vida que lo honre y con la confianza de que su gloria prevalece.
¿Qué cambia esto en mi vida? Reviso una decisión privada o pública que está en mis manos. Escojo la verdad y la justicia, aun si mantenerme íntegro requiere esfuerzo o renunciar a una ventaja.
7. El justo vive por la fe
Habacuc 2:4 contrasta al soberbio con el justo que vive por su fe. La Pastora retoma este contraste: el orgullo se apoya en sí mismo, mientras el justo reconoce su dependencia del Señor. Proverbios 16:18 advierte sobre la caída que acompaña a la altivez.
La fe da una dirección distinta a la vida. La Pastora menciona las noticias, los cambios económicos y las decisiones de quienes gobiernan. Podemos estar informados y conocer lo que sucede; nuestro futuro está en las manos de Jesucristo.
Eso cambia el lugar desde el que respondemos. Antes de hablar o decidir, volvemos a lo que Dios ha dicho. Buscamos sabiduría, actuamos con responsabilidad y afirmamos nuestra confianza en su fidelidad. La información describe aspectos de la situación; el Señor sostiene nuestra vida.
La confianza también nos mantiene humildes. Reconocemos que necesitamos al Padre para discernir y caminar. La fe se vuelve un modo de vivir que alcanza las decisiones pequeñas y los momentos de incertidumbre.
¿Qué cambia esto en mi vida? Después de recibir una noticia difícil, hago una pausa para orar y recordar una verdad bíblica antes de responder. Pido al Señor sabiduría para actuar con fe e integridad.
8. Aunque falte el fruto, me alegraré en el Señor
Habacuc 3:17–18 contempla una pérdida profunda: la higuera sin florecer, la vid y el olivo sin su producto, los campos sin alimento y los corrales vacíos. Desaparece aquello que daba sustento y seguridad. Desde ese escenario, el profeta declara que se alegrará en el Dios de su salvación.
La Pastora nos conduce a esa expresión: «con todo». La alegría encuentra su fundamento en el Señor. Él sigue siendo el Dios de nuestra salvación, nuestra provisión y nuestra fortaleza. Podemos acudir a Él y adorarlo desde la realidad que hoy tenemos delante.
El mensaje une este pasaje con otros textos que hablan de confiar aun en medio de la dificultad. El Salmo 23:4 afirma la compañía de Dios en el valle; el Salmo 27:3 expresa confianza frente a la amenaza, y el versículo 10 recuerda su cuidado ante el abandono. El Salmo 40:17 presenta al Señor como ayuda y libertador del afligido.
Cada pasaje dirige la mirada al carácter de Dios. Cuando algo que nos daba seguridad falta, podemos sostener nuestra confianza en quien permanece con nosotros. Su amor, su presencia y su poder siguen siendo razones para esperar y alabar.
¿Qué cambia esto en mi vida? Presento al Señor una carencia real y le digo por qué sigo confiando en Él. Mi oración puede unir la petición con la adoración: «Te necesito y me alegraré en ti, Dios de mi salvación».
9. El Señor es nuestra fortaleza y nos hace andar en las alturas
La predicación culmina en Habacuc 3:19. El Señor es la fortaleza del profeta y hace sus pies como los de una cierva para andar en las alturas. Después de la pregunta, la espera y la declaración de confianza, la mirada termina puesta en la fuerza que viene de Dios.
La Pastora presenta al Señor como refugio seguro y explica la imagen de la cierva que se mueve con agilidad y supera obstáculos. Aplica esa figura a la capacidad que Dios da para tomar decisiones y avanzar en medio de dificultades. Su presencia trae ayuda para el camino.
Andar en las alturas, en el desarrollo de este mensaje, es caminar por fe con el Señor en vez de quedar gobernados por la crisis. Podemos mirarnos acompañados y fortalecidos por Él. La confianza produce una respuesta distinta: escuchamos, agradecemos, perseveramos, escogemos la integridad y seguimos adelante.
La invitación final es a gozarnos en el Señor y permitir que Él obre. Su bondad sostiene nuestra esperanza. El mismo Dios a quien hemos clamado es nuestra fortaleza para avanzar.
¿Qué cambia esto en mi vida? Identifico un obstáculo y una decisión que debo afrontar. Le pido al Señor fuerza y dirección, y doy el siguiente paso confiando en su presencia.
10. Respondamos al Señor con fe
Al concluir, la Pastora invita a acercarse a orar a quienes desean vivir por fe, atraviesan un tiempo difícil y necesitan una intervención de Dios. El llamado une la necesidad con una decisión: creerle al Señor hoy.
Ella misma comparte que está esperando un milagro y lo cree con gozo. Esa confesión acompaña su invitación pastoral: acercarnos a Dios desde la espera y poner nuestra confianza en Él. Podemos presentar nuestras peticiones y adorar al Señor con un corazón rendido.
Si estás viviendo un momento difícil, responde en oración. Mira a Jesucristo, afírmate en su Palabra y pídele al Espíritu Santo que fortalezca tu fe. El Señor es tu fortaleza para caminar.
Aplicación práctica
Estas acciones ayudan a llevar el recorrido del mensaje a la vida diaria:
- Escucha la Palabra. Lee Hebreos 11:1 y Habacuc 1:2; 2:1–4; 3:17–19. Identifica qué te muestran acerca de Dios y de la fe.
- Practica gratitud concreta. Da gracias por tres expresiones de la bondad del Señor y comparte una con alguien de tu casa.
- Ora durante la espera. Presenta tu petición y escribe una verdad bíblica que te sostenga mientras perseveras.
- Responde a Dios hoy. Pregunta: «Señor, ¿qué quieres que haga con lo que estoy viviendo?». Escoge un paso de obediencia.
- Cuida tu integridad. Revisa una conversación, un compromiso o una responsabilidad. Haz lo que honra al Señor.
- Adora con tu “aunque”. Nombra una dificultad delante de Dios y afirma una razón por la que sigues confiando en Él.
- Camina acompañado. Busca un momento de oración con una persona de la comunidad de fe y concreta el siguiente paso ante el obstáculo que enfrentas.
Preguntas para reflexionar
- ¿En qué verdad acerca de Jesucristo estoy afirmando mi confianza?
- ¿Qué bendición he dejado de reconocer mientras pienso en lo que me falta?
- ¿Qué me está llamando Dios a obedecer durante esta espera?
- ¿En qué decisión necesito expresar mi fe con integridad?
- ¿Cuál es mi “aunque” de hoy y qué significa alegrarme en el Dios de mi salvación en medio de él?
Declaración de fe
Mi confianza está en Jesucristo y en su Palabra. Daré gracias, esperaré en el Señor y caminaré en integridad. Aunque atraviese dificultades, me alegraré en el Dios de mi salvación. El Señor es mi fortaleza y me sostiene para andar en las alturas.
Oración
Padre, gracias por tu bondad y por la obra de Jesucristo. Tú conoces mis preguntas y lo que estoy esperando. Fortalece mi fe por tu Palabra y enséñame a reconocer tus bendiciones. Ayúdame a escucharte, a perseverar en oración y a hacer lo correcto. Espíritu Santo, guía mis decisiones y forma en mí un corazón agradecido. En medio de lo que vivo, pongo mi confianza en ti. Tú eres mi fortaleza, mi ayuda y el Dios de mi salvación. En el nombre de Jesús. Amén.
Video completo
Mira la predicación de la Pastora Elizabeth Guidini en Mañana de Milagros del 20 de octubre de 2026: https://vimeo.com/1237090888
Para seguir caminando
Vuelve durante la semana a Habacuc 3:17–19. Comparte con alguien una verdad de este mensaje y una decisión con la que deseas honrar a Dios. La fe se hace visible al escuchar al Señor y caminar con Él cada día.
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Podcast: Camina en fe y anda en las alturas
Canción: Con todo, confiaré: caminante con Biblia y bastón en un sendero difícil iluminado por el amanecer.

Letra de Con todo, confiaré
Traigo mis preguntas ante ti, quiero escuchar tu palabra hoy. Jesús, por lo que hiciste por mí, te doy las gracias, mi Salvador.
Coro
Con todo, confiaré en Jesús, mi fortaleza eres tú. Vivo por fe, te voy a honrar, en las alturas me haces andar.
Espero en ti, te escucharé; con manos limpias caminaré. Aunque no haya fruto hoy, en ti me alegro, mi Salvador.
Coro
Con todo, confiaré en Jesús, mi fortaleza eres tú. Vivo por fe, te voy a honrar, en las alturas me haces andar.
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