Pastor Félix López · Domingo, 1 de noviembre de 2026 · 8:00 a. m. · Culto de Adoración y Ministración — Santa Cena
Camina el proceso, resiste y obedece desde el amor de Jesucristo, que murió y resucitó por ti.
Texto principal: Mateo 28:16–20.
Una agenda que nace de la victoria de Jesús
¿Qué cambia en nuestra semana saber que Jesucristo vive? El Pastor Félix López conduce esta pregunta hacia Mateo 28. Los discípulos se reúnen en el lugar que Jesús les había indicado. Lo adoran, escuchan su autoridad y reciben una tarea que los llevará más allá de aquella reunión.
La resurrección trae esperanza y también dirección. El Salvador que venció la muerte envía a los suyos a compartir el evangelio, bautizar y enseñar a obedecer sus mandamientos. La vida cristiana se convierte en una respuesta diaria a quien nos ha salvado y permanece con nosotros.
Desde ese fundamento, la predicación desarrolla cuatro llamados: caminar el proceso, resistir, reconocer la deuda que Cristo pagó y recibir su amor incondicional. Cada uno encuentra su fuerza en Jesús y conduce a una respuesta concreta de fe.
1. El Resucitado nos reúne y nos envía
En Mateo 28:16–20, los discípulos van al monte señalado por Jesús. Allí, la adoración se encuentra con la misión. El Señor anuncia su autoridad y les encarga hacer discípulos entre todas las naciones. Esa tarea incluye enseñar una vida que guarda lo que Él ha mandado. Lee el pasaje.
El Pastor recuerda que la iglesia sigue anunciando que Cristo salva. La resurrección mantiene abierta nuestra esperanza y da contenido a nuestro testimonio. Compartimos a una persona viva: Jesucristo, el Salvador que nos reconcilia con el Padre.
Ese encargo también alcanza las conversaciones pequeñas. La manera de tratar a la familia, actuar en el trabajo y acompañar a otra persona puede abrir espacio para hablar del Señor. Preguntarnos cómo mostrar a Cristo hoy nos ayuda a salir de la reunión con una dirección para la vida cotidiana.
2. Mirar la cruz desde el propósito de Dios
La predicación recorre distintas miradas a la cruz. Para Pilato estaba en juego la muerte de un hombre inocente; los dirigentes religiosos querían eliminar a quien trastornaba sus planes; los discípulos enfrentaban la pérdida de su Maestro; María veía sufrir a su Hijo, y Pedro recordaba su propia negación.
Cada mirada expresa una parte del dolor de aquel momento. El Pastor lleva nuestra atención al propósito de Dios: por medio del sacrificio de Jesús se abre el camino de reconciliación con el Padre. La cruz, unida a la resurrección, anuncia esperanza al mundo.
Esta perspectiva nos invita a mirar nuestra vida desde la obra de Cristo. Podemos acercarnos al Señor con preguntas, pérdidas o vergüenza, sabiendo que Él ha hecho posible nuestra restauración. El punto de partida de la esperanza cristiana es lo que Jesús realizó por nosotros.
3. Caminar el proceso con fidelidad
Mateo 16:21–23 presenta a Jesús anunciando a sus discípulos el camino de sufrimiento, muerte y resurrección que le esperaba. Pedro intenta apartarlo de ese recorrido. Jesús permanece afirmado en el propósito del Padre.
El Pastor destaca que Jesús transitó lo que le correspondía vivir. Su obediencia tuvo un recorrido real. Llegó al cumplimiento de su misión entregándose al Padre a lo largo del camino.
Esta verdad toca nuestra manera de esperar, aprender y responder. Hay decisiones que requieren perseverancia; responsabilidades que necesitan ser asumidas; correcciones que nos ayudan a madurar. La fe nos permite caminar esas etapas con Dios, aun cuando quisiéramos estar ya en otro lugar.
Para llevarlo a la práctica, identifica el paso fiel que te corresponde hoy. Puede ser cumplir una responsabilidad, atender una conversación pendiente o perseverar en una tarea que el Señor puso delante de ti. Pídele dirección y haz ese paso con la ayuda que Él te da.
4. La obra cumplida de Cristo sostiene nuestro caminar
La predicación recuerda la afirmación de Jesús al consumar su obra. Su entrega llevó a cumplimiento el propósito de redención. El Salvador hizo posible que el ser humano volviera a acercarse al Padre.
Esta es la diferencia decisiva entre caminar solos y caminar con Cristo. Nuestra confianza descansa en su obra cumplida. Por eso podemos acercarnos a Dios durante el proceso, recibir su gracia y perseverar con esperanza.
Cuando una etapa se hace larga, vuelve al fundamento: Jesucristo entregó su vida y resucitó. Su victoria sostiene tu fe mientras aprendes a vivir bajo su dirección. El siguiente paso no tiene que ser espectacular; puede ser una respuesta sencilla y fiel a su Palabra.
5. Resistir sin perder nuestra dirección en Dios
El segundo llamado es aprender a resistir. El Pastor contrasta la persecución que otros creyentes enfrentan con las presiones cotidianas que rodean a su congregación: la rapidez, la distracción, las opiniones y las invitaciones a abandonar las convicciones recibidas.
Jeremías 15:19 presenta un llamado a permanecer delante de Dios y conservar la fidelidad a su palabra. La predicación aplica esa firmeza a una iglesia que vive en el mundo y está llamada a influir en él desde su identidad en el Señor. Lee Jeremías 15:19.
Resistir toma forma cuando mantenemos una decisión de integridad, seguimos buscando a Dios o cuidamos una relación sin ceder al trato hiriente. La firmeza cristiana nace de aferrarnos al Señor. Cada día podemos alimentar esa confianza con la Palabra, la oración y la comunión con la iglesia.
6. Jesús comprende nuestras debilidades
El Pastor reconoce que los creyentes sufren, lloran y atraviesan situaciones difíciles de explicar. En medio de esa realidad presenta Hebreos 4:15: Jesucristo conoce nuestras debilidades y fue probado sin pecar. Podemos acudir a Él con confianza. Lee Hebreos 4:15.
Nuestra firmeza se fortalece al recordar quién nos acompaña. Jesús entiende el peso de la prueba. Por eso la oración puede ser honesta: podemos decirle lo que nos duele y pedirle fuerzas para permanecer fieles.
La predicación también recuerda a la iglesia como un lugar donde llegan personas heridas y necesitadas de restauración. Acercarte a la comunidad de fe, recibir cuidado y buscar al Señor acompañado puede formar parte de tu respuesta en una temporada difícil.
7. La cruz llevó nuestra deuda de pecado
El tercer llamado dirige la mirada hacia la gracia. Romanos 3:21–26 presenta la justicia de Dios recibida por la fe en Jesucristo y la redención que Él ha realizado. El Pastor se detiene en el carácter gratuito de esa justificación y en la paciencia de Dios. Lee Romanos 3:21–26.
Todos necesitamos esa gracia. Cristo fue a la cruz para vencer el pecado y la muerte y abrirnos el camino de salvación. Nuestra historia puede ser llevada ante Él con arrepentimiento y confianza en su perdón.
Recibir esta verdad cambia la manera de acercarnos a Dios. Podemos reconocer con sinceridad lo que necesita ser transformado y volver al Salvador. La fe se apoya en Jesucristo, y su gracia nos levanta para comenzar a obedecer desde un corazón agradecido.
8. Responder a la gracia con obediencia
Hebreos 5:7–9 presenta al Hijo en su entrega obediente y lo identifica como autor de salvación. El Pastor conecta ese pasaje con una respuesta que va más allá de conocer palabras o participar de una reunión: escuchar al Señor y obedecerlo en la vida diaria. Lee Hebreos 5:7–9.
Para explicarlo comparte un recuerdo de su juventud. Mientras atravesaba un tiempo de disciplina, decidió quedarse durmiendo en vez de acudir a un retiro. La Pastora lo llamó y le hizo considerar cómo su decisión de aquel día afectaría el ejemplo que daría a otros. El relato lleva la atención a la disposición con que respondemos cuando somos llamados a hacer lo correcto.
La obediencia crece al confiar en el carácter de Dios. Jesús sabe lo que es mejor para nosotros. Podemos pedirle un corazón dispuesto y responder a una instrucción clara de su Palabra, aun cuando hacerlo nos cueste.
9. Recibir el amor incondicional del Padre
El cuarto llamado recoge el corazón del mensaje: la cruz manifiesta el amor de Dios. El sacrificio de Cristo tiene alcance para las generaciones, y su gracia recibe a personas que se sienten descalificadas.
El Pastor recuerda la seguridad del amor de Dios en Cristo y nos invita a recibirla personalmente. Saber muchas cosas acerca del Señor y permitir que su amor alcance nuestro corazón son experiencias que deben encontrarse. Podemos presentarnos ante Él con nuestra necesidad y descansar en que somos amados.
Recibir su amor también abre el camino de transformación. Una persona que vuelve a Jesús puede aprender a vivir con gratitud, reconocer sus faltas y dar pasos nuevos. La restauración comienza al acercarnos al Salvador que nos llama.
10. Acercarnos a Jesús y vivir su encargo
El mensaje culmina con una invitación a entregar el corazón a Cristo o reconciliar la vida con Dios. El Señor nos recibe por medio de Jesucristo y nos llama a una relación con Él. La fe encuentra una respuesta personal cuando acudimos a Jesús y reconocemos su señorío.
En ese contexto, la Santa Cena recuerda a la congregación el cuerpo entregado y la sangre derramada del Salvador. La gratitud por su sacrificio se convierte en una vida que obedece y comparte con otros lo que Dios ha hecho.
La agenda del Resucitado alcanza así nuestra semana completa: caminar con fidelidad, resistir con fe, recibir la gracia que nos salva y vivir desde su amor. El Cristo que nos envía es también quien promete acompañarnos.