Pastor Félix López · Domingo, 1 de noviembre de 2026 · 6:00 p. m. · Culto de Adoración y Ministración — Santa Cena
Jesús viene a nuestro encuentro, conoce nuestro dolor y nos llama a caminar con una esperanza renovada.
Texto principal: Lucas 7:11–17.
Jesús sale al encuentro de nuestra necesidad
¿Qué sucede cuando parece que hemos agotado nuestras posibilidades? El Pastor Félix López nos lleva a una escena de Lucas 7: una mujer viuda camina entre una multitud para despedir a su único hijo. En ese trayecto se encuentra con Jesús.
El relato concentra nuestra atención en el Señor. Él ve a la madre, se compadece, se acerca y actúa con autoridad. La procesión se detiene, el joven vuelve a la vida y Jesús lo entrega a su madre. La multitud glorifica a Dios. Lee Lucas 7:11–17.
Desde ese encuentro, la predicación desarrolla tres respuestas para nuestra vida: tener expectativa del obrar de Dios, confiar en que Él conoce nuestra condición y permitir que su presencia cambie el rumbo que llevamos. La esperanza se afirma en Jesucristo y nos invita a volver a caminar con Él.
1. El Señor toma la iniciativa de acercarse
El Pastor presenta la vida cristiana como el encuentro con un Dios que viene a buscarnos. En la historia de Naín, Jesús llega al lugar donde una madre vive una pérdida inmensa. La compasión del Señor se hace visible en su cercanía.
Esta imagen nos permite reconocer algo esencial del carácter de Cristo: nuestras vidas le importan. El dolor puede hacernos sentir olvidados, pero el evangelio nos muestra al Salvador acercándose a quienes lo necesitan.
La respuesta comienza al abrirle el corazón. Podemos hablarle con sinceridad, escuchar su Palabra y recibir la invitación a una relación con Él. Jesucristo quiere encontrarse con nosotros en la realidad de nuestra vida.
2. Llevar nuestra pérdida delante de Jesús
La viuda había perdido a su esposo y ahora llevaba a enterrar a su único hijo. El Pastor contempla ese cuadro como una experiencia en la que el futuro parece cerrarse. Desde allí habla a quienes sienten que sus planes, relaciones o proyectos han quedado sin esperanza.
Jesús ve a la mujer en medio de la multitud. Su compasión alcanza a una persona concreta, con una historia y un dolor que pesan. El relato bíblico nos invita a acercar también nuestra necesidad al Señor.
Podemos identificar lo que estamos viviendo sin escondernos de Dios. Una oración sencilla puede comenzar nombrando la pérdida, la incertidumbre o el cansancio. La fe encuentra descanso al poner esa realidad en las manos del Salvador.
3. Atravesar la aflicción con la paz de Cristo
La predicación reconoce que seguir al Señor incluye temporadas difíciles. En Juan 16:33, Jesús anuncia aflicción y, al mismo tiempo, llama a confiar en su victoria. La paz del creyente encuentra su lugar en Él. Lee Juan 16:33.
El Pastor también recuerda 1 Pedro 1:6–7, donde la fe es comparada con el oro probado. La dificultad es real y la confianza en Dios tiene un valor precioso. Al acercarnos a Cristo podemos perseverar sin entregar nuestra esperanza a lo que hoy alcanzamos a ver.
Durante una semana complicada, esta verdad puede acompañar nuestras decisiones. Antes de responder desde el temor, podemos detenernos, orar y recordar quién camina con nosotros. La presencia del Señor nos da una base firme para el siguiente paso.
4. Tener expectativa del obrar de Dios
El primer llamado explícito del mensaje es esperar el obrar de Dios. Efesios 3:20–21 dirige la mirada hacia su poder, que sobrepasa lo que podemos pedir o comprender y obra para su gloria. Lee Efesios 3:20–21.
El Pastor recorre escenas del ministerio de Jesús donde la necesidad humana se encuentra con su autoridad. Los evangelios presentan sanidad, restauración, libertad y vida. Cada relato vuelve nuestra atención hacia Cristo y fortalece la confianza en su poder.
Tener expectativa se expresa al continuar presentándole nuestras peticiones. Podemos acercar al Señor una decisión familiar, una búsqueda de empleo o una preocupación por la salud. Oramos con fe, reconociendo que Él escucha y que podemos descansar en sus manos durante el camino.
5. Escuchar al Señor cuando nuestras opciones parecen agotadas
La historia de Lázaro acompaña este primer llamado. Ante la tumba, Jesús pide retirar la piedra y llama a Lázaro a salir. La autoridad del Señor se manifiesta donde la familia experimentaba la pérdida. Lee Juan 11:39–44.
El Pastor utiliza este relato para animarnos a no cerrar el corazón a lo que Dios puede hacer. La mirada puesta en nuestras limitaciones puede ocupar todo el espacio; la Palabra vuelve a dirigirnos hacia el Señor que da vida.
Una respuesta práctica es escuchar de nuevo lo que Cristo nos enseña. Podemos abrir la Biblia, llevarle nuestras preguntas y pedirle disposición para obedecer el paso que nos muestra. La expectativa de fe permanece unida a una relación de confianza con Jesús.
6. Confiar en que Dios conoce nuestra condición
El segundo llamado es descansar en el conocimiento que Dios tiene de nosotros. Salmo 139:1–6 habla del Señor que conoce nuestros movimientos, pensamientos y palabras. La predicación acerca esa verdad a la casa, el trabajo, la consulta médica y los momentos de lágrimas. Lee Salmo 139:1–6.
Podemos acudir a Dios tal como estamos porque Él ya nos conoce. El Padre ve lo que nos cuesta explicar y entiende el peso de nuestra situación. Su conocimiento nos invita a una oración sincera y a confiar en su cuidado.
En la vida diaria, esto puede cambiar la manera de comenzar y terminar el día. Antes de ocuparnos de todas las preguntas, podemos presentarle el corazón al Señor: aquí está lo que vivo, aquí está lo que necesito y aquí está mi confianza en ti.
7. Adorar y descansar bajo su cuidado
El Pastor anima a llevar la preocupación a la adoración. Recordar la Palabra, cantar al Señor y hablarle en oración nos ayuda a afirmar la confianza en Él. Durante esa exhortación evoca Salmo 3:5, donde el salmista reconoce el sustento de Dios al acostarse, dormir y despertar.
Adorar dirige la atención hacia el carácter del Señor. Podemos agradecer su fidelidad aun mientras esperamos y pedirle paz para continuar. La confianza crece cuando recordamos que nuestra vida está delante de Él.
Si atraviesas una temporada de inquietud, prepara un momento sencillo de oración al cerrar el día. Presenta tus preocupaciones, recuerda un pasaje bíblico y pide al Señor su dirección. También puedes acercarte a una persona de confianza de la iglesia para recibir acompañamiento y orar juntos.
El tercer llamado es abrir la vida a la transformación que produce el encuentro con Dios. En Naín, Jesús devuelve el hijo a su madre y la multitud termina glorificando al Señor. La llegada de Cristo cambia aquella escena.
La predicación lleva esa transformación hacia nuestra manera de hablar, mirar y caminar. Encontrarnos con Jesús nos mueve a responder a su Palabra y a pedir al Espíritu Santo que obre dentro de nosotros.
El Pastor también recuerda al hijo pródigo, recibido por su padre al regresar a casa. La restauración de ese vínculo da una imagen del regreso, la gracia y el lugar que el Padre abre. Podemos volver al Señor con arrepentimiento y confianza en su amor. Lee Lucas 15:20–24.
Pregúntate qué respuesta está naciendo de tu encuentro con Cristo. Puede ser retomar la oración, reconciliarte con Dios, pedir perdón o volver a servir con gratitud. Da espacio a esa obra y comienza a responder.
9. Cuidar las voces que acompañan nuestro camino
Dentro del llamado a la transformación, el Pastor habla de las relaciones que influyen en nuestra esperanza. Al recordar a Jairo y otras escenas bíblicas, invita a poner límites a las conversaciones que nos hunden y nos distraen de seguir al Señor.
Podemos amar a las personas y, al mismo tiempo, ordenar la manera de relacionarnos. Buscar compañía que anime a confiar en Dios, hablar con respeto y establecer límites claros son respuestas que ayudan a cuidar el corazón.
Piensa en las conversaciones que se repiten durante tu semana. ¿Te ayudan a mirar a Cristo, actuar con verdad y mantener la esperanza? Acércate a personas que puedan orar contigo y acompañarte con sabiduría. Deja que la comunión fortalezca el paso que estás dando.
10. Seguir caminando bajo la dirección del Padre
Hacia el cierre, la predicación recoge las imágenes de Isaías 43:19 y 55:12–13: Dios abre camino y cambia un paisaje de espinas por una señal de su obra. El Pastor las utiliza para animar a la congregación a esperar en el Señor y continuar adelante.
La ilustración final presenta una bolita que avanza en un tablero mientras una mano guía sus movimientos hacia la meta. Con ella recuerda que nuestra mirada no alcanza todo el recorrido, pero podemos confiar en la dirección del Padre. Es una invitación a la paciencia y a permanecer cerca de Él.
El llamado es seguir creyendo, sirviendo y caminando. La esperanza se sostiene en Jesucristo durante la espera. Podemos poner en sus manos lo que todavía no entendemos y responder con fidelidad en lo que tenemos delante.
El mensaje termina invitando a entregar el corazón a Jesús o reconciliarse con Dios. Ese encuentro es personal: acercarnos al Salvador, reconocerlo como Señor y abrir la vida a su gracia. Él conoce nuestra condición y nos llama a caminar con Él.